
Crónicas Misioneras - Santiago de Chile
“Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos.”
Mateo 28, 18-19
Que alegria es vivir por una misión tan grande, que gozo vivir para Alguien que recoge todo lo que hacemos. Si hay alguien a quien esta nueva fundación esta transformando es a mí. Soy un agradecido de poder estar acá, de poder representar a la Sociedad San Juan, y de poder venir en Su nombre. Les comparto algunas pinceladas de algo de lo que pueden escribirse libros. No por mí, sino por lo impredecible que es la obra de Dios.
La Providencia de Dios, seguridad de Sus misioneros

Desde el momento de aterrizar en Chile ese primer domingo ya experimenté la mano protectora y atenta del Padre. El P. Osvaldo con quien vivo me busco en el aeropuerto, al llegar a la casa me esperaban con el desayuno los tres sacerdotes con quien vivo y me recibieron como si me conocieran de toda la vida. Celebramos las Misas del domingo, la comunidad muy contenta y hospitalaria, deseándome lo mejor para esta nueva aventura. La invitación del Cardenal Chomali, quedo ahora ratificada en el modo en que nos recibió la Iglesia a la llegada de un misionero.

Esa misma tarde fui a comer con una familia muy amable que sus hijos van a la Universidad Católica y todos ahí mismo se fueron ofreciéndome para mostrarme bien la universidad. En un salmo que rezaba una de estas mañanas un servidor reflexiona, “gente desconocida para mí, me ayudan”. El Señor los conoce y los ha ido poniendo en mi camino, tanto que al conocernos es como si ya existiera un vínculo de años, profundo.

Un ejemplo claro es el de una familia que recientemente estuvo de vacaciones por Europa y fueron unos días a Medjugorje. En los pocos días que estuvieron ahí, cada uno experimento el obrar de Dios en la confesión y la cercanía de la Virgen. El último día, tuvieron una dificultad para ir a Dubrovnik donde continuaban sus vacaciones, asique se quedaron un día más en la tierra de Maria y fueron a visitar el castillo que da acogido a los peregrinos. Ahí, sirviendo por el verano, se encontraban los misioneros de la SSJ de Roma y Escocia. Ni que decir de ese encuentro, empezaron a hablar de Jesus, que El está vivo, historias de Su poder, y lo que el Señor estaba haciendo en esa familia. Uno de los hijos me dijo, ‘al despedirnos no me quería ir, me quiero quedar sirviendo acá con ellos’. Volvieron a Santiago la misma semana que yo llegue. Me invitaron a su casa e invitaron al resto de la familia. Como si nos conociéramos de toda la vida, la Gospa nos unió! Esta tarde vamos a misionar juntos al barrio con los dos hijos que estuvieron en Medjugorje. ¡Y como estas, muchas historias más!

Me tomo el atrevimiento porque esta es la primera crónica y les cuento una anécdota más. Cuando vinimos con el P. Ivan hace unos meses, entre otras cosas, recorrimos muchos barrios de la zona oeste y sur de Santiago. Hay muchísimos barrios vulnerables y el trabajo para el Volver a Empezar (VAE) parece enorme. Hay muchos sacerdotes muy entregados trabajando en estos barrios; y nosotros vimos particularmente unos que seria bueno para empezar con el VAE. Al llegar acá una familia del VAE de Pilar se puso en contacto conmigo porque querían ayudar a plantar Casas de la Palabra en los barrios. Dios es fiel! Me contaron que cuando el P. Teo les dio una bendición hace dos años antes de salir con todas sus cosas para Chile les dijo, ‘Que el Señor los proteja, los cuide, y los utilice como instrumentos para traer el VAE a Santiago’. Esa bendición se cumplió. Lo mas sorprendente es que cuando los fui a visitar (me recibieron como si hubiera llegado uno de los apóstoles) me preguntaron donde íbamos a comenzar si es que había un barrio designado. Cuando les conté que el barrio elegido era Lo Espejo empezaron a saltar de alegria. “Tenemos familia ahí, ya conocemos a mucha gente” me gritaron al oído. Dice proverbios, “El corazón del hombre se fija un trayecto, pero el Señor asegura sus pasos.” (Prov. 16:9)
El poder de la semilla

La oración del misionero habla de “la inmensidad de nuestras tierras”. Esto es clarísimo acá en una ciudad tan vasta (7 millones), una universidad tan grande como es la UC (34 mil estudiantes), y la realidad inabarcable de los barrios populares. Estas primeras semanas me estuve manejando mucho en el metro y caminando lo cual te va poniendo en contacto con muchas personas. Una confesión y un sinnúmero de bendiciones y oraciones en la vereda, a un costado de la marea de gente. Y esto es solo un signo de una realidad mas profunda, esa inmensidad no es inquebrantable. La semilla del evangelio tiene muchísima fuerza, fuerza de transformación. Uno a uno, cor ad cor, a través de la influencia personal de la semilla que crece en un alma y entra en contacto con otra alma en la que la Palabra empieza a germinar también.

Y así ha sido, fui a confesar a un retiro de un programa llamado Entretiempo y un hombre que había tenido una experiencia muy fuerte, escucho el proyecto y me dijo ‘para lo que necesites’. Y ya me escribió para juntar a sus amigos.
Otro joven con el que nos conocimos después de Misa me pidió hablar porque tenia preguntas de fe. Nos juntamos en un café y conversamos por dos horas. Al terminar me pregunto si me podía presentar a un amigo del colegio al que le vendría muy bien y lo llamo ahí nomas. Los dos quieren hacer algo por su grupo de amigos. Y así tantas historias mas que me recuerdan todos los días que traemos un tesoro en vasijas de barro; que lo que ofrecemos tiene un poder enorme de transformar la vida de aquellos que lo reciben con un corazón abierto. No hay que dejarse abrumar sino poner la mano en el arado!

Le pido al Señor que estas crónicas puedan ayudarnos a cada uno, al leerlas, a crecer en la fe y a hacer algo por El. Esta semana leí una frase de San Cipriano que me cuestiono, “No hablemos de cosas grandes; vivámoslas.” Cada uno puede hacer algo grande, sencillamente, cada día. Les pido que sigan intercediendo por esta nueva fundación que recién comienza. Ya comenzó esta nueva aventura! Cuento con sus oraciones, cuentan con mi fidelidad.
¡Saludos! P. Máximo Stöck
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“Jesús instituyó a doce para que estuvieran con Él y para enviarlos a predicar.”
Mc. 3, 14